EL METIDO.
Luis Humberto Peñate Orantes.
Como abejas al panal se acercaban los chicos a la esquina del barrio, en la cantina de carro, como a su cuartel general. Era la cantina más famosa, donde se juntaban para chancear y enamorar a cuanta mujer pasaba. A unos los aceptaban, les oían los piropos y a otros ni la bruja los chupaba. Por ahí paso mi esposa.
Eran reuniones de permanencia voluntaria. Unos llegaban en la mañana, otros en la tarde y los más despiertos en la noche, quien sabe con que oscuras intenciones- era cantina-.
Esa esquina de mi barrio, en la cantina de carro, era toda juventud y alegría. Ahí palidecían las muchachas puritanas y se enardecían de urgencias, las que oído prestaban a la voz de sus galanes. Ahí conocí a mi esposa.
Años dorados encanecidos por el tiempo, carcajadas que se quedaron solo en la memoria, rostros alegres a los que se les terminó la vida. Madres confiadas de saber a sus hijos en aquella esquina del barrio San Sebastían, en la cantina de Carro. Su nombre es Julio, pero le decían carro, por su parecido con Wolkswagen Hernández, un jugador de futbol muy habilidoso de la primera liga del fútbol nacional.
Los Gómez , Los Palma, el chele La Colmena, el turco Saade (Ernesto), Roberto Deras, el Pato Wenceslao , Rolando Hernández, Chirina, los Gálvez, de vez en cuando, otros que no recuerdo y el metido que nunca falta, siempre estaban en la esquina de mi barrio, de la cantina de carro, pajareando y cuenteando muchachadas.
Oh, que ingrata es la vida, la desgracia le llegó por un amigo.
Todo había estado lindo en aquella tarde de verano que empezaba hacerse vieja, cuando del San Juan de Dios apareció Daniel.
Moreno, corpulento, pelo negro lustroso y con la naríz achatada, quizás por eso a él y a su hermano Carlos, le decían micos, menos a su hermana Marilú, que como enfermera, era oficial del ejército. Quizá por eso nadie le decía nada.
Ambos ya murieron y por la causa de su muerte quiero contar la historia . El alcohol, no es buena compañía, adormece los sentidos, actuamos como bestias, nos gastamos el dinero y nos sentimos enfermos, sin siquiera estar enfermos.
El metido, ni el olor de una cerveza había probado y de repente el amigo le sorprende con una pregunta que dejo lelo al metido. –Hey, metido, nos echamos una pacha (envase pequeño con aguardiente nacional , con la marca de casa Cuatro Ases). Se llamaba Cuatro Ases, por don Antonio, Raul, Alfonso y Charles, de la familia Salaverría que administraba en Ahuachapán la concesión para fabricar aguardiente.
El metido lo pensó y contestó- cuanto cuesta la pacha- un colón quince centavos dijo el mico, el metido puso el colón y el mico qunce, pero el metido se la acabo y dejó un poquito para el Mico y aún le dijo, toma aquí están tus quince.
Para ser primera vez, el metido tomó mucho, Daniel se retiró y el metido se sentó en la grada de la cantina y cuando quiso levantarser ya no pudo. Alguien le ayudo y zigzagueando se fue para su casa a media cuadra de la cantina.
Cuando por fin llegó, para que los padres no le notaran que iba fuera de control, de los sillones se agarraba. Hablaba poco para que no le notaran la cirindanga que llevaba, Venciendo todas la miradas inquisidoras de las gentes de la casa, el metido se metió en la cama de su habitación y comenzó a ver que el techo se le movía hasta que por fin se durmió.
Pero el metido amaneció, contento de su hazaña, el sabor no le gustó, pero si aquellos efectos extraños, de sentirse más hombre y el más galán, de todos los galanes. El tiempo pasó y el licor se convirtió para el metido en su mejor compañía, fue la bebida para él la más deseada y más amada , más que sus propios hijos y su esposa, que cuenteó por primera vez, cuando elegante paso, por la cantina de carro, en la esquina del barrio San Sebastían, en la ciudad de Ahuachapán.




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