La Siguanaba

LA SIGUANABA
        A Punto de salir del pueblo y embocar el camino que llevaba al rancherío del Sitio, comenzó a sopiar un viento de lluvia. Cargado de nubarrones estaba el cielo, circunstancia que hacía que la obscuridad fuese más intensa, más impenetrable. El tío Hilario regresaba a su vivienda, más tomado, esta vez, de lo que le era habitual. Iba caballero, desmadejado en su macho retinto.

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